Tenemos una Edad
Cuidando la salud del hombre

La disfunción eréctil no es solo cosa de la edad

09 de julio de 2017

Una función eréctil intacta reporta beneficios en el ámbito psicológico y social que se reflejan en una mayor autoconfianza y autoestima, y un mayor grado de satisfacción sexual de la pareja1.

Inevitablemente, el paso del tiempo hace estragos en nuestro organismo, y la capacidad para mantener la erección no escapa a su influencia. De hecho, el factor edad es el que más fuertemente predispone para una menor función eréctil2, pero no es el único a considerar.

Está demostrado que la menor potencia de erección es más frecuente entre los fumadores de más de 2 paquetes diarios, personas con síndrome metabólico, hipertensión, dislipidemia o diabetes2. Son situaciones en principio modificables si decidimos poner de nuestra parte, básicamente incorporando hábitos saludables a nuestra vida, controlando las enfermedades que nos afectan y cuidando aquellos elementos psicológicos que puedan poner en riesgo nuestro equilibrio emocional, como la ansiedad, la depresión, la falta de confianza o problemas de tipo relacional y social.

La juventud es fisiológicamente el momento más favorable desde el punto de vista de la erección. Si estás “en la flor de la vida” como dirían algunos —para otros sería punto de discusión— lo más común es que tus erecciones sean frecuentes y satisfactorias para ambos miembros de la pareja. Los problemas que pueden surgir tienen habitualmente un origen psicológico3: miedos, inseguridades, creencias sexuales erróneas, ansiedad anticipatoria… Hasta un 25% de los casos de disfunción eréctil son de tipo psicógeno4. En estos casos la terapia sexual, junto con la medicación si procede, puede ser útil y cuanto antes se aborde más fácilmente se le dará solución.

La cosa suele complicarse ligeramente entre los 30 y los 40 años…el trabajo, los hijos, la hipoteca… son preocupaciones que añaden tensión a nuestras vidas, y según nuestra habilidad emocional para gestionar el estrés y la ansiedad pueden acabar afectando a nuestra salud sexual. También empiezan a notarse los estragos de la vida moderna o la falta de ejercicio, y es cuando suelen incrementarse las cifras de colesterol y a acumularse esos kilos de más, principalmente en la cintura. El síndrome metabólico, la obesidad, la hipertensión… empiezan a aparecer y en algunas ocasiones puede presentarse disfunción eréctil, síntoma que es imprescindible reconocer para tomar medidas. En nuestro país un 18,9% de los hombres padecen disfunción eréctil5. Por ello es interesante que apartir de los 40 años, de igual manera que la mujer acude a un ginecólogo, el hombre visite a un urólogo de forma rutinaria, y más aún ante la aparición de síntomas. Las cardiopatías comienzan a asomar a partir de los 40-50, y la disfunción eréctil puede ser la primera señal de alarma6.

A partir de los 60 el riesgo de cáncer de próstata aumenta, con consecuencias para la función eréctil, por los tratamientos y por la propia enfermedad7. El aumento en las estadísticas entre los 40 y los 70 años se ha achacado no solo a la edad sino también a otras dolencias como diabetes, hipertensión o hiperplasia de próstata o incluso a una menor formación8,9. Cuando ya superamos los 70, la probabilidad de una menor función eréctil aumenta 16 veces respecto de los jóvenes con veinte años2.

En general, una prescripción que es válida y recomendable para todas las franjas de edad sería la supervisión por parte del especialista ante síntomas que sean persistentes, una vida saludable que incluya el deporte, una alimentación sana, la ausencia de tabaco, sedentarismo y estrés, y evitar los excesos de alcohol y las deficiencias del descanso. Sencillo ¿verdad?

1. Mulhall JP, et al. Erectile dysfunction: Monitoring response to treatment in clinical practice—Recommendations of an international consensus panel. J Sex Med 2007; 4: 448–464.
2. Kimura M, et al. A web-based survey of erection hardness score and its relationship to aging, sexual behavior, confidence, and risk factors in Japan. Sex Med. 2013; 1(2): 76-86.
3. Pomerol JM. Disfunción eréctil de origen psicógeno. Arch Esp Urol 2010; 63 (8): 599-602.
4. Álvarez E. Disfunción eréctil. Revista Médica Clínica Las Condes 2009; 20: 227-232.
5. Martín-Morales A, et al. Prevalence and independent risk factors for erectile dysfunction in Spain: results of the Epidemiología de la Disfunción Eréctil Masculina Study. J Urol. 2001; 166(2): 569-575.
6. Estudio ATLAS de la Disfunción Eréctil. Disponible en: http://blog.tenemosunaedad.com/atlas/
7. Carballido J, Calvo V, Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC). Cáncer de próstata: guía para pacientes y familiares. 1ª ed. Madrid: Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC); 2014.
8. Johannes CB, et al. Incidence of erectile dysfunction in men 40 to 69 years old: longitudinal results from the Massachusetts male aging study. J Urol. 2000; 163(2): 460-463.
9. Moreira ED Jr, et al. Incidence of erectile dysfunction in men 40 to 69 years old: results from a population-based cohort study in Brazil. Urology 2003; 61(2): 431-436.

L.ES.COM.06.2017.2766

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